Basta la lectura de este Bando Revolucionario para que se entienda cuál era la ética de los mineros revolucionarios y antifascistas en 1934. En 1936, después de la sublevación militar-fascista, hubo no pocos sujetos que aprovecharon el caos y desorganización institucional, para cometer los más execrables crímenes (robos, asesinatos), y que una vez que se configuró el Comité Provincial del Frente Popular en Gijón -antes había dos comités importantes, uno en Gijón, anarquista, y otro en Sama de Langreo, socialista- publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia la persecución de quienes con su actuación criminal perjudicaran a la República y la lucha antifascista.
En 1934 como en 1936 la Etica de los revolucionarios de Octubre no había variado un ápice.
Me dirijo a todos los hombres y mujeres de Aller que quieran aportar fotos, documentos, y MEMORIA, sobre los perseguidos por el fascismo.
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domingo, 6 de marzo de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
Sentencias publicadas contra los alleranos
En octubre de 1934 se produjo una revolución en Asturias, un levantamiento armado contra el Gobierno de Lerroux y de la CEDA de Gil Robles. Duró poco tiempo, desde el 5 de octubre hasta el día 21 de octubre de 1934. En Aller el Comité Revolucionario había dado por perdida la revolución el 17 de octubre. Se habían constituidos Comités en los pueblos, y un Comité Comarcal Revolucionario que tenía su sede en Cabañaquinta. Los únicos hechos luctuosos fueron los que se produjeron en Moreda, donde los afiliados al Sindicato Católico -de Vicente Madera- se encastillaron para usar el edificio -luego Casa España- como parapeto para disparar contra los mineros. No hubo desmanes de ningún tipo en ningún lugar del concejo, y los guardias civiles que pretendían abrir fuego contra los mineros revolucionarios fueron allanados por un tentiente de la Guardia Civil, por lo que no hubo que lamentar desgracias.
Los hechos fueron juzgados, los revolucionarios fueron detenidos, encarcelados, muchos de ellos torturados por los esbirros de Lisardo Doval, condenados a miles de años de cárcel. Presos ya, fueron las elecciones del 16 de Febrero de 1936 -el Frente Popular llevaba como primera medida de Gobierno si ganaban las elecciones, la AMNISTÍA para los presos políticos de Octubre- quienes liberaron y amnistiaron a todos los condenados.
Todos sabemos lo que significa la amnistía: no es un perdón, no es un indulto,es ni más ni menos que el olvido absoluto de tal condena, y por tanto nada puede -en Derecho- revolver y volver a juzgar aquello que fue amnistiado. Pero aunque no hubiera habido amnistía, existe un principio jurídico esencial, la prohibición de volver a juzgar la cosa juzgada, "non bis in idem".
¿Qué es lo encontramos en estas sentencias de 1938?. Vuelven a juzgar lo juzgado, y acusan de nuevo por hechos -ciertos o no, en el caso de los alleranos no participaron en "el asalto y robo" de la Sucursal del Banco de España en Oviedo- y vuelven a condenar a los que ya lo habían sido y por lo que habían sido amnistiados.
Estas sentencias prefiguran la mal llamada "Ley" de Responsabilidades Políticas de 1939, que destruyendo la seguridad jurídica, consideraba delincuentes a todos cuantos a partir de octubre de 1934 estuvieran afiliados o simpatizaran con los partidos y sindicatos obreros.
Los hechos fueron juzgados, los revolucionarios fueron detenidos, encarcelados, muchos de ellos torturados por los esbirros de Lisardo Doval, condenados a miles de años de cárcel. Presos ya, fueron las elecciones del 16 de Febrero de 1936 -el Frente Popular llevaba como primera medida de Gobierno si ganaban las elecciones, la AMNISTÍA para los presos políticos de Octubre- quienes liberaron y amnistiaron a todos los condenados.
Todos sabemos lo que significa la amnistía: no es un perdón, no es un indulto,es ni más ni menos que el olvido absoluto de tal condena, y por tanto nada puede -en Derecho- revolver y volver a juzgar aquello que fue amnistiado. Pero aunque no hubiera habido amnistía, existe un principio jurídico esencial, la prohibición de volver a juzgar la cosa juzgada, "non bis in idem".
¿Qué es lo encontramos en estas sentencias de 1938?. Vuelven a juzgar lo juzgado, y acusan de nuevo por hechos -ciertos o no, en el caso de los alleranos no participaron en "el asalto y robo" de la Sucursal del Banco de España en Oviedo- y vuelven a condenar a los que ya lo habían sido y por lo que habían sido amnistiados.
Estas sentencias prefiguran la mal llamada "Ley" de Responsabilidades Políticas de 1939, que destruyendo la seguridad jurídica, consideraba delincuentes a todos cuantos a partir de octubre de 1934 estuvieran afiliados o simpatizaran con los partidos y sindicatos obreros.
sábado, 19 de febrero de 2011
Tomás Moro González de Pelúgano
Vecino de Pelúgano, guardia municipal, casado. Miembro del Comité de Investigación de Pelúgano en 1936. Participó en el movimiento revolucionario de octubre de 1934 por lo que fue procesado y encarcelado hasta la amnistía de febrero de 1936. El DRFA (Documento para la Represión del Fascismo en Aller de julio de 1937), informa de los bienes para que se proceda a la incautación "latrocinio legal “de todos sus bienes: “con fincas y ganados por valor de unas 15.000 pesetas". A la entrada de los fascistas en Aller en octubre de 1937 se fugó al monte, desconociéndose exactamente cuál fue su destino.
Participó en la Revolución de 1934 y fue por ello juzgado en Consejo de Guerra en la causa 502/1934 junto con otros 38 alleranos (Ver Francisco Escalante González),"estaba a disposición del Comité y se dedicó a recoger armas, interviniendo en el saqueo de comercios". Lo que el fiscal denomina "saqueos" eran requisas que se pagaban en el Ayuntamiento por parte del Comité revolucionario. Estuvo desde el inicio hasta el final de la revolución desempeñando los cometidos que le habían indicado desde el Comité (incautación de armas de los vecinos, requisas de comestibles...). Estaba en la cárcel de Cabañaquinta antes de la revolución acusado de "tenencia ilícita de armas" y liberado el día 5 de octubre. Requisó una escopeta a un vecino, y la guardó hasta el final de la revolución, devolviéndosela a su propietario. El Comité le entregó 5.000 pesetas para hacer frente a los gastos que se produjeran, básicamente para el pago de comestibles. Los testigos de Pelúgano declaran que Tomás Moro evitó que algunos exaltados incendiaran el pueblo, y cuando procedía a la incautación de armas lo hacía con "corrección" y buen trato.
Reclamado por el Juzgado de Primera Instancia de Oviedo en una causa de menor cuantía presentada por Bueres en nombre del Banco de España, exigiendo 5.000 pesetas, el 25 de abril de 1938, en ignorado paradero. Esta causa va unida a la de González Peña y Etelvino Fernández y otros. Aún así en la sentencia publicada el 5 de septiembre de 1939, se le condena por “asalto y robo en la mencionada Sucursal” del Banco de España en Oviedo durante los sucesos revolucionarios. Hecho absolutamente incierto- falso por completo- pues Tomás Moro se encontraba en Cabañaquinta y Pelúgano realizando las labores que le habían encomendado desde el Comité Revolucionario de Aller, por lo que difícilmente estaba en Oviedo en el asalto a la Sucursal del Banco de España que capitaneó González Peña. De la probidad y honradez de todos los revolucionarios que en Aller recibieron dinero del Comité Revolucionario no hay duda alguna. Todos lo utilizaron en los menesteres que se les habían encomendado, y para ayudar a las familias más necesitadas, y cuando el 21 de octubre de 1934se dio por fracasada la Revolución en Asturias, los revolucionarios capturados por militares y guardias civiles entregaron ese dinero.
Fue Lisardo Doval (“el carnicero de Asturias”), quien como autoridad máxima desde finales de octubre hasta su destitución por el Gobierno Lerroux ordenó que se le entregaran todas las cantidades encontradas o entregadas por los revolucionarios, sin que se supiera cuál fue el destino del dinero. Tan era así que, ante la desconfianza y la sospecha de que se apropiaba de ese dinero sin entregarlo al Estado, los oficiales de los Cuarteles y cuartelillos de la Guardia Civil de Aller, obligaban a los sicarios de Lisardo Doval a firmar un documento en que figuraba la cantidad entregada.
Participó en la Revolución de 1934 y fue por ello juzgado en Consejo de Guerra en la causa 502/1934 junto con otros 38 alleranos (Ver Francisco Escalante González),"estaba a disposición del Comité y se dedicó a recoger armas, interviniendo en el saqueo de comercios". Lo que el fiscal denomina "saqueos" eran requisas que se pagaban en el Ayuntamiento por parte del Comité revolucionario. Estuvo desde el inicio hasta el final de la revolución desempeñando los cometidos que le habían indicado desde el Comité (incautación de armas de los vecinos, requisas de comestibles...). Estaba en la cárcel de Cabañaquinta antes de la revolución acusado de "tenencia ilícita de armas" y liberado el día 5 de octubre. Requisó una escopeta a un vecino, y la guardó hasta el final de la revolución, devolviéndosela a su propietario. El Comité le entregó 5.000 pesetas para hacer frente a los gastos que se produjeran, básicamente para el pago de comestibles. Los testigos de Pelúgano declaran que Tomás Moro evitó que algunos exaltados incendiaran el pueblo, y cuando procedía a la incautación de armas lo hacía con "corrección" y buen trato.
Reclamado por el Juzgado de Primera Instancia de Oviedo en una causa de menor cuantía presentada por Bueres en nombre del Banco de España, exigiendo 5.000 pesetas, el 25 de abril de 1938, en ignorado paradero. Esta causa va unida a la de González Peña y Etelvino Fernández y otros. Aún así en la sentencia publicada el 5 de septiembre de 1939, se le condena por “asalto y robo en la mencionada Sucursal” del Banco de España en Oviedo durante los sucesos revolucionarios. Hecho absolutamente incierto- falso por completo- pues Tomás Moro se encontraba en Cabañaquinta y Pelúgano realizando las labores que le habían encomendado desde el Comité Revolucionario de Aller, por lo que difícilmente estaba en Oviedo en el asalto a la Sucursal del Banco de España que capitaneó González Peña. De la probidad y honradez de todos los revolucionarios que en Aller recibieron dinero del Comité Revolucionario no hay duda alguna. Todos lo utilizaron en los menesteres que se les habían encomendado, y para ayudar a las familias más necesitadas, y cuando el 21 de octubre de 1934se dio por fracasada la Revolución en Asturias, los revolucionarios capturados por militares y guardias civiles entregaron ese dinero.
Fue Lisardo Doval (“el carnicero de Asturias”), quien como autoridad máxima desde finales de octubre hasta su destitución por el Gobierno Lerroux ordenó que se le entregaran todas las cantidades encontradas o entregadas por los revolucionarios, sin que se supiera cuál fue el destino del dinero. Tan era así que, ante la desconfianza y la sospecha de que se apropiaba de ese dinero sin entregarlo al Estado, los oficiales de los Cuarteles y cuartelillos de la Guardia Civil de Aller, obligaban a los sicarios de Lisardo Doval a firmar un documento en que figuraba la cantidad entregada.
domingo, 13 de febrero de 2011
Andrés Fernández
Caborana Andrés Fernández asesinado 03/11/1937
Natural de Caborana y vecino de Cabañaquinta. Fue asesinado por los falangistas en los finales de 1937. Fue trasladado en el camión con los detenidos de Casomera el 3 de noviembre de 1937. Reclamado por el Juzgado de Primera Instancia de Oviedo en una causa de menor cuantía presentada por Bueres en nombre del Banco de España, exigiendo 15.000 pesetas, el 26 de abril de 1938, en ignorado paradero. Esta causa va unida a la de González Peña, Etelvino Fernández y otros. No había mayor crimen que reclamar 15.000 pesetas del Banco de España, entregadas por González Peña a los comités y revolucionarios de octubre, cuando ya había sido asesinado. Difícilmente podría presentarse a la segunda citación el 15 de junio de 1938, dado que llevaba meses enterrado en una fosa.
martes, 1 de febrero de 2011
Un Capitán de la Guardia Civil: desertor y ladrón
Así lo declaran los plumillas de "La Nueva España". El relato de los falangistas asturianos sobre el "héroe" Reparaz es tan esclarecedora que no requiere muchos apuntes. De este modo eran esta "canalla" que se sumaron a la sublevación militar- fascsita el 17 de julio de 1936. De este sujeto hicieron alabanzas sin fin. Era asturiano, nacido en 1899, y ascendido a capitán con 29 años. Curiosamente tiene una trayectoria profesional semejante a la del "carnicero" Lisardo Doval ( viajes a Sudamérica y a Marruecos) del que fue su mano derecha en los crímenes que se realizaron después de Octubre de 1934 en Asturias (torturas y asesinatos de los mineros revolucionarios de los que quedaron impunes). La actuación de estos dos sujetos era tan escandalosa en Asturias que ambos quedaron suspendidos y pasaron a forzosos disponibles por el mismo Gobierno de Lerroux en 1935. Aún así la actuación del guardia civil Reparaz tendría tanta oscuridad que fue incluso juzgado en Consejo de Guerra por los suyos en 1941 (debido a los hechos de Pozoblanco y Adamuz donde se produjo una deblacle militar que causó 700 muertos a los franquistas), Cuando en 1944 volvió a Córdoba como como Jefe de la Guardia Civil los franquistas -los suyos- le obligaron a tomar la decisión de solicitar el retiro voluntario con el grado de Teniente Coronel.
Un desertor y un ladrón, que fue homenajeado como un héroe por la propaganda franquista, y repudiado incluso por los suyos por su incalificalble conducta. Una asturiano traidor y ladrón más, al que hay que colocar en el panteón donde tantos criminales deben figurar.
Un desertor y un ladrón, que fue homenajeado como un héroe por la propaganda franquista, y repudiado incluso por los suyos por su incalificalble conducta. Una asturiano traidor y ladrón más, al que hay que colocar en el panteón donde tantos criminales deben figurar.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Los moros en el Concejo de Aller
Los moros formaban parte del Ejército español y estaban encuadrados en los Tabores de Regulares, donde los oficiales mayoritariamente eran cristianos. También hubo oficiales moros, uno de los más conocidos por su instinto criminal fue Mizian que llegó al grado de General concedido por otro de su misma laya.
Llegaron a Asturias para sofocar la Revolución de 1934, y entraban a saco, asesinando y robando. Fueron los primeros en entrar en Oviedo, y la carnicería, violaciones, robos, que se produjeron en las dos horas que les daban los "honorables" oficiales del Ejército español, causaba espanto. Tanto era así que el pacto entre Ochoa y Belarmino Tomás consistió -entre otros puntos sin relevancia- en que los moros no entraran los primeros en los pueblos de las cuencas mineras. Estuvieron durante meses en Asturias, y volvieron de nuevo para combatir al lado de Franco y sus compinches.
Fueron la fuerza de choque, murieron a miles, pues se contabiliza un total cercano a los 180.000 moros en el Ejército franquista durante los tres años de enfrentamiento militar. Llegaron a los bordes de Asturias desde León, y desde occidente, también era la carne de cañón en las batallas decisivas del Oriente asturiano en el mes de septiembre y octubre de 1937. Sabían los moros que batallar contra las tropas republicanas asturianas -los mineros- no era cosa de coser y cantar, y temían a la muerte. Los oficiales franquistas los lanzaban en cabeza para tomar una posición, y en el supuesto de que se negaran o caminaran demasiado lentamente había órdenes de disparar desde su retaguardia. De ese modo no tenían más salida que correr hacia la muerte. Y este fue el destino decenas de miles de moros a los que se les engañaba con un salario escaso y bollo de pan en África para su familia.
A partir de finales de octubre de 1937 los moros llegaron al Concejo de Aller, y de este sitio no marcharon hasta el año 1951. Todos recuerdan -entre los mayores- dónde estaban situados los cuarteles de los moros, desde Caborana a Cabañaquinta. Había orden de alojar en casas particulares a los que no cabían en los cuarteles -pues eran necesarios para persecución y "caza" de los fugados y guerrilleros que había en los montes de Aller. Las casas elegidas eran las de las mujeres viudas de rojos, o de fugados, o de desparecidos. Esta situación era indignante -el moro tenía derecho a cocina y habitación- y demasiado humillante para la mujer que tuviera alojado a semejante energúmeno. Más aún cuando se convertía en el punto de mira de las beatas y falangistas y eran la comidilla del pueblo: "No tiene marido, pero tiene un moro metido en casa". Además de los crímenes y violaciones que se produjeron (aún se recuerda el crimen de -Sara- una mujer que regentaba un negocio en Vega, a la cual degollaron sin piedad después de haberse ensañado con ella). Así durante 14 años, hasta 1951.
Llegaron a Asturias para sofocar la Revolución de 1934, y entraban a saco, asesinando y robando. Fueron los primeros en entrar en Oviedo, y la carnicería, violaciones, robos, que se produjeron en las dos horas que les daban los "honorables" oficiales del Ejército español, causaba espanto. Tanto era así que el pacto entre Ochoa y Belarmino Tomás consistió -entre otros puntos sin relevancia- en que los moros no entraran los primeros en los pueblos de las cuencas mineras. Estuvieron durante meses en Asturias, y volvieron de nuevo para combatir al lado de Franco y sus compinches.
Fueron la fuerza de choque, murieron a miles, pues se contabiliza un total cercano a los 180.000 moros en el Ejército franquista durante los tres años de enfrentamiento militar. Llegaron a los bordes de Asturias desde León, y desde occidente, también era la carne de cañón en las batallas decisivas del Oriente asturiano en el mes de septiembre y octubre de 1937. Sabían los moros que batallar contra las tropas republicanas asturianas -los mineros- no era cosa de coser y cantar, y temían a la muerte. Los oficiales franquistas los lanzaban en cabeza para tomar una posición, y en el supuesto de que se negaran o caminaran demasiado lentamente había órdenes de disparar desde su retaguardia. De ese modo no tenían más salida que correr hacia la muerte. Y este fue el destino decenas de miles de moros a los que se les engañaba con un salario escaso y bollo de pan en África para su familia.
A partir de finales de octubre de 1937 los moros llegaron al Concejo de Aller, y de este sitio no marcharon hasta el año 1951. Todos recuerdan -entre los mayores- dónde estaban situados los cuarteles de los moros, desde Caborana a Cabañaquinta. Había orden de alojar en casas particulares a los que no cabían en los cuarteles -pues eran necesarios para persecución y "caza" de los fugados y guerrilleros que había en los montes de Aller. Las casas elegidas eran las de las mujeres viudas de rojos, o de fugados, o de desparecidos. Esta situación era indignante -el moro tenía derecho a cocina y habitación- y demasiado humillante para la mujer que tuviera alojado a semejante energúmeno. Más aún cuando se convertía en el punto de mira de las beatas y falangistas y eran la comidilla del pueblo: "No tiene marido, pero tiene un moro metido en casa". Además de los crímenes y violaciones que se produjeron (aún se recuerda el crimen de -Sara- una mujer que regentaba un negocio en Vega, a la cual degollaron sin piedad después de haberse ensañado con ella). Así durante 14 años, hasta 1951.
lunes, 18 de octubre de 2010
El Alcalde de Aller en el Consejo de Guerra 17-1-1936
La Revolución de Octubre de 1934. El alcalde de Aller es procesado y condenado a 12 años de prisión. Desconocía en ese momento que el 23 de septiembre de 1936 sería asesinado por los falangistas en Velouriz (Galicia), y que su cadáver quedaría al lado de la carretera y sería arrojado a una fosa común.
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